Cada rincón de Betsaida  llora su ausencia. Todas las personas que componemos nuestra Casa de Misericordia sentimos un vacío profundo desde que nos ha dejado llenos de recuerdos y vivencias.

Cómo asimilar que usted no volverá a entrar por su Casa colmándonos de sentimientos y emociones. A su lado hemos aprendido lo que significa la solidaridad de ayudar a los más necesitados, de ser tolerantes, de mirar a las personas a los ojos y empatizar, hemos crecido alrededor de usted, pero debajo del famoso paraguas que conforma nuestra Asociación de Obras Cristianas.

Ahora todos los que te queremos tanto tenemos que afrontar una realidad que nos produce una pena inconsolable, sin embargo dejas una estela de amor, de cariño y de aprendizaje que siempre guardaremos en nuestros corazones y que marcarán nuestras vidas.

Sabemos que viniste a este mundo con la E de especial. Usted ha sido único, traías un mensaje a este Universo. Sin Usted no veríamos las cosas como son y su recuerdo guiará nuestros pasos. Sus enseñanzas regirán el devenir de Betsaida.

Es complicado desprenderse de un amigo y un Padre como Usted. Siempre nos ha apoyado en todos los proyectos guiados con el corazón, creciendo y haciendo de sus enseñanzas nuestro día a día.

¡Que gran legado D. Diego!, ¡Cómo podemos agradecerle tanto!, ¡Qué suerte poder tenerle cerca!

Hemos querido rendirle nuestro particular homenaje en el lugar más especial de Betsaida: La Capilla, con su estilo personal, con su simbología, donde conjugan el Evangelio con sus enseñanzas, donde el discapacitado, que somos todos, se levanta cada día  de su camilla y lucha por la vida.

Nos acercamos cada tarde con nuestros residentes y compartimos con Usted el Evangelio, sus reflexiones y tantas referencias plasmadas para oírle, visualizarle y sobre todo,  recordarle toda la vida. En el altar mayor de la Capilla, su imagen nos guía, con cincuenta rosas blancas sin espinas, pues, como Usted decía: …las cosas bonitas no pueden hacer daño… Cada tarde le sentimos más cerca, rezamos, damos gracias a Dios por tenerle y recordar cada instante que estuvimos a su lado.

Hasta siempre Querido Padre.